


Por: Olivia Villoria Quijada
Psicóloga, Magister Scientiarum en Psicología, Profesora Jubilada de la UCV
oliviavilloria@cantv.net
ORIGEN DE LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS.
En la actualidad no es posible identificar una única causa que explique la génesis de
los trastornos alimentarios. Se trata más bien de una relación entre diversos factores,
esto es, de un origen multicausal, como asevera Rodríguez.
Entre los factores biológicos se han mencionado elementos de tipo metabólico,
neurológico y fisiológico; sin embargo, ninguno de estos factores han podido ser
confirmados como causa. Por otra parte, como aseguran Vandereycken, Castro y Vanderlinden,
las alteraciones biológicas son consecuencia y no causa de tales trastornos.
Es posible que ciertas características de índole hereditaria sean favorecedoras de la
aparición de los problemas alimentarios, ya que algunos resultados sugieren que la
influencia genética es de particular relevancia, según los estudios de Sullivan, Bulick
y Kendler.
En opinión de Gómez, las investigaciones han identificado el centro del control del
apetito en la zona del hipotálamo, el cual consiste en un dispositivo neuroendocrino que
regula la ingesta de alimentos por parte del organismo. Dicho centro puede verse afectado
por circunstancias externas (temperatura ambiental, ingesta de fármacos anorexígenos) e
internas (estado hormonal, estado psicológico, problemas circulatorios, nivel de glucosa
en sangre, etc.). Así, los trastornos alimentarios se iniciarían por una disfunción
hipotalámica desencadenada por un acontecimiento estresante, que aparece generalmente en
la adolescencia, de acuerdo con los hallazgos de Garfinkel, Brown y Darby.
En otras palabras, los trastornos alimentarios son desórdenes producto de una compleja
interacción entre procesos físicos y psicológicos. El comportamiento alimentario no
implica solamente una base somática ya que ésta debe ser integrada con el factor
psíquico. La información y la experiencia de nuestros sentidos son procesadas por el
hipotálamo pero también están mediadas, entre otras cosas, por nuestras represiones
emocionales, conflictos inconscientes, personalidad e historia de aprendizaje.
En relación con la incidencia de los factores psicológicos, diversas teorías postulan
distintos elementos. No es nuestra intención profundizar en éstas sino tocar
sucintamente algunos de los planteamientos que formulan en relación con el tema.
Por ejemplo, las teorías psicodinámicas (según autores como Vandereycken, Castro y
Vanderlinden; Ball y Brown; Bennett y Cooper; Bruch, Stice y Agras; Davis) afirman que
previo al desarrollo de los trastornos se presentan en el sujeto problemas de autonomía e
independencia; problemas de aceptación de las dificultades propias de la vida adulta;
problemas interpersonales, falta de asertividad y dificultades para las relaciones
heterosexuales; sensación de ineficacia, fracaso y falta de control en la vida escolar,
laboral o social; tendencias perfeccionistas con rasgos obsesivos, rigidez y extremismo en
la evaluación de los problemas. Por otra parte, ante el aumento de la ansiedad y altos
niveles de estrés en la vida cotidiana, se hacen manifiestas ciertas características de
la personalidad especialmente en personas sensibles a altos niveles de presión
psicológica, que las hacen más propensas a desarrollar conductas de riesgo como
soluciones alternativas a los conflictos.
La anorexia nerviosa parece estar relacionada con la dependencia, trastornos de ansiedad,
fobia social y trastornos de la personalidad por evitación, dependencia u
obsesión-compulsión hacia la perfección del ideal del cuerpo, baja autoestima y
distorsión de la imagen corporal. La bulimia nerviosa parece estar asociada a trastornos
del control de impulsos, tendencia al robo, abuso de tóxicos, tendencias autoagresivas y
hasta antecedentes de suicidio, trastornos del estado de ánimo, entre otros.
Sobre la base de la teoría del aprendizaje, Capaldi reconoce que los seres humanos
aprenden a dejar aquella comida que los hace sentir enfermos, y a recibir y buscar aquella
que les hace sentir bien y les da placer. Entonces, si comer es un comportamiento
aprendido, éste puede ser cambiado.
Las personas difieren en su peso así como en las preferencias por los alimentos,
especialmente aquellos que producen sobrepeso. Las personas obesas experimentan una mayor
preferencia por alimentos que contienen más calorías, tales como carbohidratos. En las
personas de peso normal tal comportamiento es menos frecuente, y en los anoréxicos y
bulímicos están ausentes.
La teoría cognitivo-conductual destaca la influencia de los pensamientos e ideas en el
desarrollo y mantenimiento de las patologías alimentarias y de los comportamientos de
control de peso. En forma resumida, la teoría predice la presencia de trastornos
alimentarios en sujetos con alta preocupación por el cuerpo, el peso y la imagen
corporal.
En la explicación de la génesis de los trastornos, el enfoque sistémico destaca la
importancia del ambiente familiar. Así por ejemplo, se han descrito trastornos afectivos
y relaciones familiares inadecuadas relacionadas con problemas de peso, enfermedades
somáticas y abuso de sustancias tóxicas, a juzgar por los hallazgos de Laliberté,
Boland y Leichner.
Los factores socio-culturales también son cruciales, como concluyen investigadores tales
como Thompson y Heiberg, Kashubeck, Walsh y Crowl. El papel de los medios de
comunicación, la moda, y los valores femeninos tales como el éxito y la perfección a
través del cuerpo -como sinónimo de la ausencia de conflictos en la vida familiar,
social y personal- parecen ser uno de los elementos importantes en el desarrollo de los
trastornos de la alimentación. Específicamente, los medios de comunicación refuerzan
los elementos culturales ligados al modelo de la mujer y el hombre de estos tiempos. En
otras palabras, estamos en una cultura de la delgadez y, además, se observa un proceso de
transculturización del modelo de la mujer y el hombre delgados desde los países más
desarrollados hacia otras geografías y tipos étnicos.
Este énfasis en la apariencia, la moda, el aumento en la preocupación por el peso y las
dietas, la centración en el cuerpo, etc. pueden llegar al extremo de contribuir al
desarrollo de patrones inadecuados de conducta alimentaria.
Para sintetizar, el comportamiento alimentario es el resultado de la interacción entre lo
interno (cuerpo y mente) y lo externo (ambiente, sociedad y cultura), es decir, entre la
naturaleza y la educación. Se hace imperativo, entonces, lograr una mejor comprensión de
todos los factores involucrados puesto que los condicionantes culturales empiezan a actuar
desde etapas muy tempranas del desarrollo evolutivo, lo cual hace necesario priorizar las
acciones dirigidas a la prevención del problema