Por: Olivia Villoria Quijada

Psicóloga, Magister Scientiarum en Psicología, Profesora Jubilada de la UCV

oliviavilloria@cantv.net


CICLO DE LA VIOLENCIA.

 

 ¿Cómo se generan y cómo se desarrollan las situaciones de VP? Una terapeuta familiar norteamericana, de nombre Leonore Walter, estudiando las historias clínicas de sus pacientes, observó que frecuentemente la violencia entre marido y mujer se presenta en forma cíclica, con tres fases bien definidas que pueden variar en duración e intensidad dependiendo de la pareja.

 

En otras palabras, la violencia aparece progresivamente y se instala de forma gradual. Generalmente, los primeros momentos de este proceso no se notan mucho y son considerados normales, lo que hace difícil que el problema sea detectado, tanto por los que padecen la acción  violenta como por los que la ejercen.

 

Se han descrito tres fases:

 

1.         Fase de acumulación de tensión: a partir de pequeños incidentes o conflictos se establecen momentos de tensión.   La suma de varias frustraciones lleva a una falta de satisfacción en la pareja y surge la violencia en formas sutiles o débiles, aunque también pueden presentarse golpe menores. El maltratador tiende a mostrarse tenso  e irritable y cualquier comportamiento de la pareja despierta en él una reacción de enfado.  La mujer maneja estos incidentes de varias maneras: intenta calmar a su pareja siendo cariñosa y complaciente o evita estar cerca de él, conductas que llevan a su compañero a pensar que ella ve esos hechos como “legítimos”. Por otra parte, inconscientemente ella acude al mecanismo de defensa de la negación, lo cual significa que ella tiende a minimizar los accidentes aislados y a atribuirlos a problemas externos, como por ejemplo, económicos, laborales, consumo de alcohol, etc. El agresor, como ve que su conducta abusiva es aparentemente aceptada, no hace nada por controlarse.

 

2.         Fase de explosión: Se descargan las tensiones acumuladas y se despliega la violencia en toda su magnitud. Al explotar, el hombre puede insultar, golpear, romper objetos, amenazar, etc. La mujer se ve ahora impotente y débil, se paraliza y entra en una situación de indefensión que le impide reaccionar.

 

3.         Fase de “luna de miel”: El agresor se muestra arrepentido de su conducta, tiene expresiones de afecto, despliega todo tipo de atenciones, pide perdón, promete que no volverá a ocurrir y puede creer realmente que se podrá controlar en el futuro.  Ello hace surgir en la mujer la esperanza de que su marido no volverá a ser violento y, si ella intenta marcharse, él la manipulará con argumentos que la hagan sentirse culpable. Pero, el ciclo volverá a iniciarse, la mujer se va haciendo más dependiente, cada vez tiene menos energía para defenderse y comienza a darse cuenta de que haga lo que haga no puede controlar el comportamiento de su marido. En algunos casos, cuando se reinicia el ciclo, pierde el control y ataca al marido.

 

     En este ciclo generalmente el hombre hace uso de su fuerza física pero, cuando la mujer es la agresora, tal vez no se presenten episodios agudos de golpes aunque sí manifestaciones comunes de violencia psicológica. La VP no remite espontáneamente ni basta con la buena voluntad de la pareja para solucionarla: es un problema que requiere de atención urgente y prioritaria. En el artículo subsiguiente comentaremos sobre algunas de las estrategias para la prevención del problema.